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Editoriales18 de Enero

Violencia urbana, desprecio por el trabajo y la cultura villera

Cuando cada vez son menos los que sostienen que el ascenso social es por superación personal, esfuerzo y dedicación al trabajo y el estudio, pasa lo que pasa: destrozos, desmanes, peleas callejeras y hasta muerte. La Argentina que no queríamos ver está entre nosotros. (Y después no digan que es exageración, hagan algo en lugar de mirar para otro lado).

Sin educación. Sin cultura. Sin valor por la vida. Sin sentido de la autoridad. Así es el estado de anomia y pre barbarie que atraviesa la Argentina.

Se advierte, claramente, en los focos de violencia urbana que cada día reflejan las noticias. No son inventos, son una muestra de lo que pasa en la noche y hasta en las tardes.

Peleas entre grupos. Bandas que se atacan. Policía que no está y si está no puede hacer nada. Ni que hablar de las víctimas de estos hechos. Los que lamentablemente mueren y los que quedan con afectaciones serias en sus cuerpos.

¿Hasta cuándo? Antes se decía "esto no va a parar hasta que alguien muera". Pero ya van varios muertos en distintos lugares de la Argentina por esta violencia urbana que no para.

Los gobiernos no quieren ponerle freno. Temen ser considerados represivos. ¿Una sociedad ordenada es necesariamente una sociedad reprimida? No, no es así.

Un problema en Argentina es la falta de cultura. Y no se trata solo de apreciar una obra de arte, una pieza teatral o leer a los mejores escritores del orbe. Se trata de recuperar la cultura del trabajo como ordenador social. A cambio, se impuso el día de la cultura villera. Y se celebra. Todo mal.

 

La nota terminaba en el punto y aparte anterior. Pero hubiera quedado incompleta.

Argentina está en este estado de situación por muchas cosas. Algunas bien visibles. Una dirigencia política adolescente e inmadura. Febrilmente irresponsable. Una sociedad con innumerable cantidad de gente que elige el camino más fácil. Le guste a quien le guste es así. ¿Salir a buscar laburo, para qué si no hay? ¿Levantarse temprano, para qué si no vas a conseguir laburo? ¿Estudiar, para qué si de eso no vas a trabajar? Una seguidilla de oposiciones que llevan al deterioro del individuo dejándolo, al menos capaz de reaccionar, vulnerable y a expensas del Estado benefactor.

En el punto que nos encontramos hoy es difícil revertir o recuperar terreno rápidamente. Pero sepamos que hay que intentar hacerlo porque, todavía, se puede estar peor. Y para evitarlo la actual dirigencia adolescente tiene que crecer, madurar y poner al país por encima de sus intereses personales.

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