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Editoriales27 de Mayo

Las redes ¿sociales? y la manipulación del algoritmo que confluye en concentración del poder

Desde hace un tiempo a esta parte se hizo más complejo interactuar en las redes sociales. Los nuevos algoritmos hacen que los posteos no lleguen como antes. La manipulación de esas “coordenadas” determinan quien puede ver un post y quien puede llegar más lejos desde la plataforma. ¿La nueva concentración del poder desde la inteligencia artificial?

Si hay un grupo social o sector que sufre las nuevas modificaciones que han realizado los dueños de las redes sociales, ese es el grupo de los emprendedores.

Hasta finales del año pasado era común que alguien que elaboraba productos para la venta, en muy pequeña escala, pudiera publicar sus posteos y, con la colaboración de las etiquetas, alcanzar a muchas personas que estaban interesadas por lo mismo.

Por ejemplo, una cocinera que realizaba y vendía pastafrolas, si publicaba una buena foto y un hashtag que dijera "#pastafrola #membrillo #batata #sabor #casero" podía tener la expectativa de que muchas personas lo vieran y le encargaran sus delicias.

Allá por noviembre del 2020 -antes de las fiestas navideñas- las llegadas de los posteos a las personas empezaron a verse limitadas. ¿Qué pasó? Nadie lo supo de manera oficial, pero todos entienden que hubo una modificación en los algoritmos.

 

¿Y ahora?

La mayoría de los emprendedores intentó con publicitar sus posteos, que casualmente aumentaron de precio en las dos redes sociales más difundidas. Pero al poco tiempo de invertir más se daban cuenta que el alcance no era el deseado. De hecho, las estadísticas confirmaban que la inversión no llegaba a las personas que la estratificación de perfil de cliente indicaba.

Entonces, poco a poco, fueron apareciendo indicios de lo sucedido y la forma de actuar para tratar que las cuentas en redes sociales no queden como "hablando solas" ante la escasa llegada de los mensajes al común del universo de la red.

Para que un posteo sea visto por muchas cuentas ya no alcanzan las buenas fotos, los hashtag correctos ni la promoción paga mediante anuncios publicitarios. Ahora hay que hacer algo más que eso, y ese algo más no está en manos de los autores sino de las audiencias:

1- que los seguidores de la cuenta tengan la buena onda de guardar el posteo marcándolo con el iconito correspondiente.

2- viralización de parte de la gente, y ahí empieza a complicarse. Porque se requiere que la persona que lo vea lo guarde y también lo comparta enviándolo a sus contactos o a algunos de ellos. Es decir, que realice de la nada misma dos acciones concretas y “comprometidas” en un mundo donde muchos buscan el menor compromiso posible con el otro.

3- obtener comentarios para que el algoritmo sepa que existe un interés de parte de otras personas que no sea el mismo que hizo el posteo.

4- finalmente y lo menos relevante, ahora, pero siempre necesario es lograr que la gente que sigue la cuenta lo vea y le indique una interacción valorativa al posteo. Es decir, mínimamente un "me gusta" por cada publicación.

 

Menos libertades

Si algo tenían las redes sociales, en especial las más utilizadas, es que se mostraban como una plataforma donde las personas podrían expresarse -ya sea de manera social como política, comercial, cultural o religiosamente- sin que nadie censurara esa manifestación.

Los nuevos algoritmos no solo que determinan qué no se puede expresar sino que además limita la forma de llegada a la viralidad. Y es aquí donde puede preguntarse cada uno si está dispuesto a aceptar estas condiciones y si, en todo caso, por cuanto tiempo resistirán las personas sin abandonar esas redes ¿sociales? sórdidas al no cumplir con las expectativas de muchos.

Porque cuando se cercena la opinión no solamente pierde interés en publicar quien emite sino que al no haber de esos posteos pierde interés la audiencia. Es decir, si una persona tiene como objetivo comprar zapatillas y ver los modelos nuevos en las redes, pero éstas limitan la viralidad orgánica y natural de quienes venden zapatillas, al no haber oferta suficiente decae el interés de la audiencia.

Sin dudas los controles no solamente son malos en lo presencial sino malos en lo virtual. Queda demostrado que la inteligencia artificial, muchas veces bien ponderada, puede ser no tan positiva en manos de quienes especulan y concentran poder, de cualquier forma, en beneficio de sus propios intereses.

¿Habrá tiempo para un nuevo desarrollo social que facilite la libre circulación de las opiniones, anuncios, imágenes y comentarios que, en el marco de la moral y las buenas costumbres, sean admitidos sin el filtro censor de nadie más que el público en sí mismo? ¿O será momento de volver al cajón de manzana como púlpito y expresar lo que uno quiera desde allí? Tal vez de esta forma se llegue a más personas en lo real que en una red social que se dice abierta pero que tiene más de siete candados por descubrir y abrir para poder alcanzar lo que se intenta desde la misma plataforma…

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