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Por Matías Frati15 de Abril

Argentina, el rumbo que sirve y un debate pendiente: más europeísta y menos latinoamericanistas

Nuestro país tiene que dejar de lado los relatos falaces y de estudiantina berreta. En todo sentido y en todos los órdenes. La dirigencia política tiene que clarificar expectativas: ir hacia la recuperación económica insertados en un nuevo esquema comercial o condenarnos a la pobreza y marginalidad, aislados del mundo.

La mira despreciativa de la dirigencia política hacia las naciones de Europa se expresa hoy, claramente, en el Mercosur por parte de la Argentina. El esfuerzo del gobierno nacional por no cerrar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea puede hacer naufragar, incluso, el futuro del bloque comercial, tras 30 años de encuentros.

¿Qué es lo que está pasando? La miopía política de la dirigencia argentina de turno hace que se desprecie lo bueno o superior por temor a quedar en inferioridad de condiciones. Siempre es más cómodo compararse con quien uno se cree superior. Aunque luego los datos demuestren lo equivocado que se estaba.

Ergo: no quieren a Europa porque creen que allí hay un pensamiento derechista o centroderechista dominante. Falso: en la cuna de la libertad, la igualdad y la fraternidad también gobierna la socialdemocracia, que aporta fuerte contenido ideológico a una visión más social y equilibrada. Sin embargo, por estas tierras aman a Latinoamérica eludiendo las violaciones a los derechos humanos que se dan en la región. Todo muy infantil. Demasiado berreta.

 

Cambiar el foco

Es necesario que la Argentina asuma con madurez su rol en la región. Que empiece primero por casa, explicando que la única forma de recomponer la economía es con intercambio comercial consistente. Y que ese intercambio se puede propiciar con Europa, principalmente, donde el mercado es 15 veces mayor al nuestro y donde el ingreso promedio per cápita de un europeo es cinco veces superior al de un argentino.

 

La única forma de recomponer la economía es con intercambio comercial consistente.

 

¿Quién nos va a comprar si no? Los países más pobres que nosotros. Poco pueden hacer por sí mismos para pretender que su gente acceda, por ejemplo, a los cortes de calidad cuota Hilton que puede producir nuestro país, y que esas compras sean en volumen tal como para sustituir la cuota que debería ir a la exportación hacia el viejo continente.

Lo mismo pasa con otros productos de calidad que se elaboran aquí, los vinos, por nombrar alguno que no sea directamente vinculado a la "oligarquía terrateniente" que odian los políticos de turno. El año pasado, aun en pandemia, se exportaron casi 130 millones de litros de malbec, por ejemplo. Una sola cepa. Y eso se puede desarrollar más.

Incluso los desarrollos cerebro intensivos que se alcanzan en el INVAP o el Instituto Balseiro, siempre a la vanguardia científica entre las principales naciones del mundo. A lo que se puede sumar mucha más innovación y desarrollo en nanotecnología o productos nacidos en la incipiente y prometedora industria de la economía del conocimiento.

Por eso hay que dejarse de joder. Es momento de empezar a construir en serio una nación que se ponga de pie y mire hacia el futuro. No perder más el tiempo jugando en el patio trasero del barrio y empezar a participar de las grandes oportunidades que ofrecen otros patios para nada traseros, sino principales, como el europeo.

 

Sociedad europeísta

¿Acaso no son millones los argentinos que cuando tienen la oportunidad de salir de vacaciones con sus familias, eligen los destinos europeos antes que los latinoamericanos? Y los que hoy en día emigran buscando un destino mejor, de a miles por año. O los que miran campaonatos de fútbol de Europa y que nunca se les ocurriría deternerse ante el televisor para mirar un partido en una liga del continente. Y la moda: todo lo que luego llega a nuestro país surgió en Europa antes. O tantas otras innumerables cosas. ¿Nadie se puso a pensar por qué es esto?

Porque mal que les pese a los políticos de turno que mantienen el relato latinoamericanista, por la sangre de millones de argentinos corre origen europeo, fruto de las corrientes migratorias de los siglos XIX y XX. La cultura trasladada de generación en generación es fundamental para darnos cuenta que todavía estamos a tiempo de hacer algo diferente por nuestras familias. Por nuestro país.

 

Por la sangre de millones de argentinos corre origen europeo, fruto de las corrientes migratorias de los siglos XIX y XX.

 

Que si nos quedamos mirando el ombligo solo podremos terminar igual que la mayoría de los países del continente en el que estamos. Y, encima, después llegaremos a la conclusión que era necesario haber intentado el salto a "las europas" en el momento adecuado. Cuando estábamos a tiempo de hacerlo.

Lo que hay que trasparentar son las expectativas. Si tenemos expectativas de crecer, desarrollarnos y mejorar nuestra calidad de vida, no lo podemos hacer con un modelo continental donde la pobreza alcanzar a más de la mitad de sus habitantes, donde la educación es un bien reservado para las clases sociales dominantes y el resto es analfabeto, donde la salud está vedada para la gente común y a las prestaciones de calidad acceden los de las capas altas de la sociedad. Argentina todavía no llegó a eso, pero va camino a hacerlo a menos de que decida un cambio: menos latinoamericanismo y más europeísmo.

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