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Editoriales30 de Octubre

La política tiene la obligación de evolucionar

Todos tenemos la necesidad y sentimos la obligación de dar un salto de calidad. Eso nos pasa a las personas, cuando nos proponemos crecer. Pero, ¿por qué no pasa lo mismo con las organizaciones que son formadas por personas? ¿Los partidos están atrasados y fuera del fundamental “tiempo y espacio” para el análisis político?

Estructuras políticas partidarias tienen que dar ese salto, también, de calidad. Y eso no significa abandonar la ideología ni bajar banderas en cuanto a la resignación de conquistas.

Los partidos políticos en la Argentina están retrasados en cuanto a ubicación. El tiempo y el espacio en el que se realiza la actividad política argentina es diferente de la que los dirigentes partidarios se ubican hoy en día.

Tiempo y espacio son dos instrumentos fundamentales del análisis y la construcción. Y me animo a agregar un tercer elemento: la dinámica. Una organización política que no es dinámica será lenta en la definición de temas cuya velocidad pasan al tiempo de lo que duran en las redes sociales.

 

Mirar con ojos de futuro

Lo bueno de esto es que todavía se puede dar ese salto de calidad. Para eso, es fundamental dejar de mirar el presente con ojos de pasado. Y es indispensable empezar a mirar el presente con ojos de futuro.

La política tiene que volver a ilusionar. Es obligación de la dirigencia mostrarle a la gente un camino, una hoja de ruta. Como quien sale de viaje en familia y le dice a su gente "ahora vamos a tomar la autopista y vamos a ir 400 kilómetros hasta llegar a Buenos Aires". En esa clarificación de metas hay certezas y seguridad.

De cierta manera, lo que le pasa a la Argentina es que su dirigencia sigue disputando el presente con prismas pasados y ubicada en lugares que ya se esfumaron en el tiempo: los socialistas relatando desde las conquistas laborales de Juan B. Justo y Alfredo Palacios, un siglo atrás; los liberales y conservadores diciendo que los males arrancaron desde la llegada de Perón al poder, hace 75 años; los peronistas que todo sucede desde el derrocamiento militar de 1976 hace 44 años (hasta entonces se paraban en la revolución libertadora de 1955); los radicales desde el inicio del gobierno de Raúl Alfonsín desde hace 37 años; el PRO desde que Mauricio Macri dejó la presidencia de Boca Juniors para asumir como jefe de gobierno porteño hace 13 años.

 

La dirigencia disputa el presente con prismas pasados y ubicada en lugares que se ya se esfumaron en el tiempo

 

Sin embargo, los argentinos esperamos que nos proyecten como va a ser la vida hacia adelante. Que nos digan si vamos a integrarnos para comercializar libremente como la mayoría de los países del mundo. Si vamos a apostar por la industria del conocimiento generando las condiciones necesarias para crear millones de puestos de trabajo en ese sector. Si entendimos que el planeta es uno solo y tenemos que desarrollar energías alternativas para cuidarlo y, al mismo tiempo, abrir un nuevo panorama laboral por explorar para muchos ingenieros, técnicos u operarios calificados que podrían desarrollar tareas en ese nicho económico que será vital a futuro.

Pero también, quien hoy tiene 45 años quiere saber si dentro de veinte años se va a poder jubilar en la Argentina o es momento de tomar sus cosas y buscar nuevos horizontes; el que tiene una empresa quiere saber si el año que viene va a poder comprar lo que vende, porque algunas de las cosas que comercializa vienen del exterior; y el que exporta quiere saber si le van a retener una parte de lo suyo por medio de derechos de exportación o no.

La dirigencia política tiene que recuperar esos dos elementos fundamentales: tiempo y espacio. Y de ser posible anexarle dinámica. Así, será más fácil demostrar en la acción lo que en la teoría se estudia. Y, sobre todo, será posible construir expectativas favorables que, de manera sinérgica, nos hagan dejar atrás el atolladero para abrir las puertas a una etapa de reconstrucción nacional basada en el progreso, la igualdad, la libertad, la solidaridad y el bienestar general. Donde “las Guernicas” sean parte del pasado y los desarrollos cerebro intensivos la base de sustentación para la construcción de una sociedad mejor para todos.

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