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Por María Fernanda Grimaldi22 de Mayo

Corazón valiente

Muchas veces cuando estamos en el medio de una situación difícil, incómoda, incierta y nos sentimos en el ojo de la tormenta, lo más sabio no es luchar contra ella. Por el contrario, lo más inteligente es esperar a que amaine, a que pase y se aclare. Porque por más que le hagamos frente es tanta la fuerza y la furia que desata que aguardar es la manera de no sentirnos frustrados, desesperanzados o agotarnos antes siquiera de empezar a ocuparnos de ella.

En estas semanas tuvimos que frenar en muchas cuestiones. Forzosamente en la mayor parte de los casos. Frenar no es malo en sí mismo. En general implica tomar conciencia de que hay que ir más despacio, que es más seguro para uno y para los demás bajar el ritmo. Y eso es un síntoma de cordura y cuidado. Es poder dejar de lado todos los temores que se pueden despertar en nosotros, sin querer buscar soluciones o caminos alternativos y simplemente esperar. No hacer nada. No pensar, no exigir, no decidir. Son situaciones en las que lo más inteligente es aceptar que quizás sea el momento de empezar de nuevo, soltar la idea de cómo eran las cosas hasta ahora, patear el tablero, agarrar las piezas y ordenarlas distintas. Y una de las mayores virtudes será la flexibilidad para poder reinventarnos, para aprender a mirar con otros ojos y encontrar respuestas diferentes en entornos cambiantes.

Y en ese renacer la creatividad será prioritaria para poder encarar proyectos, sin necesariamente tener tanta proyección, mirar hacia adelante sin tener claro el lugar de llegada o incluso si el camino es el indicado porque se está un poco a ciegas.

Adaptarse a la incertidumbre y largar el pretendido control se logra aceptando. No es ni más ni menos que vivir el hoy, no pelear con lo que nos pasa ni pretender que las cosas sean como nosotros quisiéramos o esperábamos, sino tomarlas como son y entregarse a eso. Conocerse, respetar lo que sentimos, estar en tiempo presente, conectarnos con lo que estamos atravesando y no dejarlo pasar es clave.

No todos estamos preparados para asumir que muchas veces puede haber alguna situación que nos desborde y no podemos negar o hacer de cuenta que no existe. Y es por eso que reconfigurarnos también requiere compasión, con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Porque al fin y al cabo, en contextos como el actual todos estamos atravesados por procesos comunes que cada uno intenta vivir de la mejor manera posible. Poner entre paréntesis, barajar y dar de nuevo, revisar creencias, liberarse de algún equipaje que pesa excesivamente y nos complica frenar y arrancar con la agilidad necesaria son algunas de las cosas que indefectiblemente tendremos que afrontar tarde o temprano.

En medio de esto podemos hacer una diferencia si tuviéramos una mayor conciencia social, entendiéramos que todos estamos en la misma y nos ayudáramos unos a otros, empezando especialmente por quienes tenemos cerca. Por ejemplo si cuando decidimos comprar o contratar un servicio elegimos al comercio, al emprendedor vecino, más chico, al del barrio, estaremos apoyando a quienes en momentos complicados como el actual son los que la tienen más difícil y que habitualmente menos ayuda reciben. Son los que ponen siempre el trabajo y el esfuerzo por encima de cualquier otra cosa, y a quienes los vaivenes y cambios los afectan de manera más drástica y determinante.

Siempre el eslabón más débil es el chico, el que tiene menos espalda, el que la rema más solo. Muchos han podido de a poco ir abriendo sus comercios y oficinas, sin embargo, el impacto de la cuarentena se va a ver y sentir durante mucho tiempo. Innegable reconocer que muchas cosas cambiaron para siempre. Por eso la mejor manera de cuidar nuestra comunidad, nuestro lugar, nuestros vecinos, es mirando y ayudando primero a quienes tenemos cerca, al lado. Seamos consumidores responsables y prioricemos a quienes han generado trabajo y oportunidades en nuestra comunidad más cercana para desde ahí expandirnos al resto.

Sin duda, nada de esto es posible si no estamos bien con nosotros mismos. Por eso se dice que siempre hay que empezar por casa.

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  • 24-05-2020 María julia

    Me gusta la idea del texto y la claridad, recorrer las líneas y surfear diferentes emociones... gracias

  • 22-05-2020 Columba Marta

    Fernanda,siempre precisa,concreta,correcta. Te felicito,leo tus publicaciones semanalmente y las espero,sirven para reflexionar sobre todo en estos momentos.

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