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Martes, Enero 26, 2021

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Política Nacional31 de Octubre

A la Argentina le falta un tornillo (o varios) para rearmarse como el mecano

Señales de oxígeno para el menú político en un tablero electoral agrietado y necesitado de emergentes responsables.

Roberto Lavagna y el socialismo no han diluido su acuerdo previo a las elecciones presidenciales del 2019.

Ayer, nos enterábamos de que -en la semana que termina- se produjo una reunión de dirigentes importantes como los diputados Jorge Sarghini y el "Topo" Rodríguez, del lavagnismo, y los ex intendentes de Rosario, Miguel Lifchitz y Mónica Fein.

Fuentes consultadas por este medio confirmaron que, durante la reunión -que se hizo de manera virtual y de la que también participaron otros referentes nacionales. "ambos sectores replantearon la necesidad de consolidar un espacio de construcción política conjunta de cara al futuro".

En la reunión se coordinaron dos cosas: mostrar que el espacio está vigente, y para eso se difundieron imágenes de la reunión con una captura de pantalla al zoom del administrador de la misma; e impulsar el viejo proyecto de ley de boleta única de papel para las próximas elecciones.

Lo interesante, además de esto, es el dato político que se conjuga: puede haber una alternativa electoral al menú de la grieta que propone el kirchnerismo contra el macrismo, casi como si no hubiera solución de continuidad para los argentinos que reeditar aquella vieja antinomia de "peronistas o antiperonistas".

Si se consolidase este espacio, podríamos advertir que existen, por lo menos, cinco vertientes electorales a las cuales observar.

 * La del oficialismo con el kirchnerismo, un sector del peronismo, muchos movimientos sociales filoperonistas y algunos sectores de izquierda tradicional que se fueron diluyendo en las mieles del poder;

 * La de la oposición que encabeza Juntos por el Cambio y que, por ahora, aglutina a la Unión Cívica Radial (UCR), el PRO de manera oficial con Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal, la Coalición Cívica y algo desperdigado del peronismo de centroderecha que aporta Miguel Ángel Picheto;

 * Los liberales, que, aunque todavía tienen que resolver sus posicionamientos internos, despuntan con José Luis Espert, siempre eufórico, por un lado y Ricardo López Murphy, medido y moderado, por el otro. En el medio aparecen Javier Milei, el espacio político que viene construyendo en silencio Agustín Etchebarne con Miguel Adormi, entre otros, y la tradicionalista Unión del Centro Democrático (UCEDE) que en la provincia de Buenos Aires es la estructura electoral y el sello político del Frente Despertar;

 * Y los partidos de izquierda que articulan algunos movimientos sociales que no están con el oficialismo, y que en conjunto son un músculo político ágil en diferentes estructuras de poder pero que no llegan a traducir, electoralmente, lo que insinúan desde centros de estudiantes universitarios, estamentos sindicales y algunas organizaciones no gubernamentales.

A este espinel hay que sumarle los nombres y apellidos de tres dirigentes con peso específico en el presente continuo de nuestro país: Emilio Monzó, Elisa Carrió y Sergio Massa. Aunque este último es parte de la estructura de poder oficial y los primeros dos son (o fueron) piezas importantes del primer Cambiemos, lo real es que en cada turno electoral las cartas vuelven al mazo, se debe barajar y dar de nuevo. Y puede haber algunas modificaciones.

A once meses del inicio formal del Gobierno de Alberto Fernández –de lo que parece mucho más tiempo por la gran exposición pública del Presidente- pero mucho más, aún, desde la toma real del poder, con el triunfo del 11 de agosto y explicitado en un raid mediático a las puertas de sus oficinas en el microcentro porteño, el miércoles 14 de agosto, cuando el dólar oficial se disparaba y el futuro presidente recibía al empresario más importante del país por expectativas futuras y actualidad dimensional de su compañía (Mercado Libre), como es Marcos Galperín, todavía existe la sensación de que nada se ha conseguido. Y muchos dirán que es culpa de la pandemia, otros que es la cuarentena. Lo preocupante es que, en general, la gente espera respuestas concretas a problemas reales. Y a veces no solo que no llegan, sino que además los que podrían llegar se pierden en la vorágine informativa y se deforman en las arenas movedizas de las redes sociales.

Gobernar como antes ya no es posible sin un verdadero acuerdo político y sectorial que ilumine el camino y enfoque el rumbo, en un país donde la gente se muestra híper conectado a la pantalla de 5 pugadas de un teléfono, es parte de una sociedad desculturizada, pauperizada y menos apegada al desarrollo del intelecto, proclive a la inmediatez y la frivolidad iniciada en los noventa posmodernistas pero continuada y profundizada tres décadas después

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